Una opinió

Me dirijo a ustedes con la intención de responder a la carta de La Volqueta. Yo no soy egoísta ni le deseo el mal a nadie, pero que nos restriegue su felicidad es de juzgado de guardia. Ella es feliz a costa de los cabreos constantes del resto de los mortales. Me explicaré. Soy transportista. Intento pasar por la calle de siempre: cortada, intento pasar por la  siguiente: le han cambiado la dirección, y la siguiente están abriendo un boquete, que como me despiste me caigo dentro. ¡¡¡¡¡Aaaaaarrrrrgggggg!!!!! Si quieren voy en autobús a repartir, lo que pasa es que también han movido las paradas y en alguna que otra línea  de una a otra hay un kilómetro. Bueno no,  mejor: en bici. Porque parece ser que les sobraban botes de color rojo y le han buscado una solución. Eso sí estrechando calles (¡que eso para repartir es genial!), movilizando el carril bus  y los peatones dando saltitos para no pisar ese carril de ciudad moderna.  Pues será muy bonito y moderno pero los cabreos  que pillo diarios no lo son tanto. ¿Me subvencionará el ayuntamiento las aspirinas?

El repartidor cabreado

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