La historia interminable IX

Me incorporé como pude entre tanto gremlin, no había rastro ni de los peces luminosos ni de la luz cegadora, es más, ¡estaba seco! ¿Qué había pasado? Los gremlin me miraban atentamente y entre tantos me di cuenta de que no reconocía al que tantas veces se había dormido en mi regazo, me dio pena. Ni si quiera me había molestado en ponerle nombre y él nunca me abandonó, pero cuanto más miraba más parecidos a él los veía. Me levanté del suelo y eché un vistazo a mi alrededor. Todo era azul brillante como si estuviera en un túnel con luces de neón en ambos lados, estaba como en un cruce de caminos, mirara por donde mirara, había un pasillo muy largo azul brillante. No se veía el final de ninguno, ni si quiera un atisbo de movimiento o luz. Todos los pasillos tenían las mismas posibilidades. Los gremlin estaban inquietos, algo se acercaba o percibían que no era bueno. Estaban nerviosos y como si hablaran entre ellos se dirigían hacia un pasillo. Estaban  huyendo, pero ¿de qué? Yo miraba a mi alrededor pero no veía nada, en cambio ellos más se apresuraban al pasillo, empezaban a correr. Uno de ellos me tiraba del pantalón, miré y creí reconocer a mi amigo, pero su expresión era dantesca y tiraba de mí para que fuera con ellos, algo malo se acercaba y yo no podía verlo.

Fer un comentari