En el horizonte había una luz intensa y cálida, tan cálida que empezaba a sentirme totalmente relajado. El Gremlin no se movía por lo que deduje que a él también le afectaba. Sentí que me elevaba, mi ropa estaba seca y volaba sobre un desierto de fuego y al fondo un oasis, espectacularmente frondoso. Me adentré volando, flotando y allí sentada estaba ella. Majestuosa como Cleopatra, bella como la Dama de Shanghai y frágil como Belinda. Me miró y sentí como una ola de calor me invadía. De repente estábamos en la playa y ella echada en mi regazo, con una cinta en el pelo, me dijo: “no me dejes” y me abrazó. Y entonces me di cuenta de que ella era, y sólo ella, la mujer de mi vida “no lo haré nunca” pensé. Una pelusa me hizo estornudar y eso me despertó ¿dónde estaba? ¿y los peces? Me incorporé y a mi alrededor estaban docenas de Gremlin , había pasado lo que temía…




