La historia interminable VI

Sentía el calor de su aliento muy cerca. El gremlin estaba enganchado a mi pierna en un gesto de verdadero terror, yo estaría enganchado a mi madre si estuviera aquí. Pero no, soy una persona adulta y he de afrontar esto de la mejor manera. A oscuras, sólo se me ocurrió ponerme de cuclillas y caminar hacia lo que creía el camino correcto. El gremlin no se soltaba por lo que deduje que el cuatro-ojos nos seguía. Decidí no dudar, mostrarme fuerte, como si conmigo no fuera la cosa. Empecé a sentir agua en los pies cada vez más profunda, podía ser un río, un  mar, un pantano…¿Cómo se llama a esto en medio de un laberinto? No se veía nada. Sobre el agua, si era realmente agua, se refleja el destello rojo del reloj que dejé a mi espalda. Para cuando me quise dar cuenta el gremlin estaba sobre mi cabeza, tirándome del pelo para sujetarse, y es que como sabréis los gremlin no se pueden mojar.

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