La historia interminable III

… a la chica de mis sueños. Avancé con decisión y temor a la vez. Varios escalofríos me recordaban que andaba entre vivos y muertos y el pequeño Gremlin me seguía sin dudar. Me tropecé, en la oscuridad del laberinto, con un enorme Fauno, no parecía malvado pero su aspecto era grotesco. Me indicó el camino a seguir, y me dijo que nunca me fiara del los habitantes del laberinto, que me confundirían y me perderían en un sin fin de pasadizos interminables. Lleno de valor me lancé  a la dirección opuesta a la que me había indicado y me sentía en el punto de mira de su ira. Corrí como alma que se lleva el diablo y llegué a un claro inmenso, sospechosamente tranquilo y al final, allí a lo lejos, tres puertas exactamente iguales…

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